Enfrentando el miedo con decisión

13 noviembre 2009 | Publicado por editor en Columnas, Pamela Jara

Por Pamela Jara Rocha, escritora de Traiguén

Todos en algún momento sentimos miedo. De hecho el miedo es algo constante en nosotros. Pero es bueno no asociar siempre el miedo a  algo malo, pues tiene su lado muy positivo, pues nos permite reconocer aquellas situaciones que pondrían en peligro hasta nuestra propia integridad. Este miedo evita exponernos por ejemplo a andar por la calle a altas horas de la noche con el serio riesgo de ser asaltado o sufrir algún otro tipo de percance. También nos ayuda a ser prudentes al conducir un vehículo y no tener que lamentar un accidente con serias consecuencias.
Pero, ¿qué pasa cuando el miedo se alarga en el tiempo y sin justificación aparente se hace excesivo o hasta exacerbado?  Entonces este miedo se transforma en algo altamente nocivo o “tóxico” como algunos especialistas lo llaman y puede afectar tremendamente nuestra salud y bienestar. Por eso ¿Cómo evitar que el miedo nos afecte al punto de paralizarnos?
Existen pasos que podemos dar al respecto y que pueden permitir la disminución de este miedo dañino y son los siguientes:
1. Aceptar que tenemos miedo. Esto no implica debilidad pues sabemos que todos lo padecemos en mayor o menor grado, por eso es importante reconocerlo. Éste punto es clave para comenzar el trabajo.
2. Identificar cuál es el miedo que más nos afecta, aunque a veces no resulta fácil reconocerlo. Por ejemplo, un temor grande puede ser al rechazo.
3. Mirar el miedo a la cara y enfrentarlo.
Estos tres pasos pueden ser muy útiles y prácticos. Es bueno tener claro que quizás nunca logremos superar completamente nuestros miedos, pero si podemos mitigar su intensidad al enfrentarlos con decisión y que éstos con el tiempo lleguen a ser “nuestros amigos”.

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Un Comentario on “Enfrentando el miedo con decisión”

  1. Que bueno tu comentario sobre este tema que nos afecta a todos, deduzco que lo peor es sentir miedo a reconocer nuestros miedos y como tu dices lo mas sano sería enfrentarlos y en ningún caso considerar una debilidad el reconocer que los tenemos.
    Por supuesto que nos protege, como tu dices y nos previene de peligros que podemos evitar.
    Cariños para tí.

     

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